Dedica una pequeña esquina de tu salón, dormitorio o terraza a la meditación. Basta con una esterilla, cojín cómodo y algún elemento simbólico como una planta o figura de Buda. Este espacio minimalista invita a la introspección y a desconectar del ruido exterior, facilitando rutinas de relajación diarias sin salir de casa.
Inspirados en las casas japonesas, los tatamis y cojines bajos colocados en el suelo proporcionan zonas versátiles y cómodas para relajarse, leer o compartir una infusión con amigos. Crear ambientes informales, sin necesidad de muebles voluminosos, refuerza la idea de libertad de movimiento y fomenta la cercanía y el descanso.
Si dispones de terraza, patio o balcón, puedes diseñar un pequeño jardín Zen. Combina piedras, arena, plantas en macetas y algún objeto de agua, como una fuente pequeña. Estos espacios exteriores invitan a respirar profundo, conectar con la naturaleza y encontrar serenidad sin moverse del hogar, aportando una dimensión espiritual al ambiente.